125 Peregrinación de la Diocesis de Querétaro al Tepeyac.

Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe ©2015

Un mil 700 ciclistas, 18 mil 500 mujeres y 22 mil varones, además de sus familiares y fieles, haciendo un total de 80 mil personas procedentes de la Diócesis de Querétaro, visitaron en este día a Santa María de Guadalupe, en un acto de devoción y fe.

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Encabezados por su Obispo, Mons. Faustino Armendáriz, los peregrinos arribaron luego de 15 días o una semana de caminata donde algunos recorrieron más de 300 kilómetros a pie. La presencia de los niños ha sido notable, así como de las personas mayores que con gran dificultad pero con espíritu fuerte, han llegado para encontrarse con la Reina de México y Emperatriz de América.

La Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe dio la bienvenida a los peregrinos, a través de Mons. Jorge Palencia, Arcipreste del Cabildo de Guadalupe y de Mons. Enrique Glennie Graue, Vicario General y Episcopal de Guadalupe y Rector del Santuario.

Esta es la peregrinación más grande, procedente de las diócesis del país, que recibe durante el año el Santuario mariano más visitado del mundo.


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EXHORTA EL OBISPO DE QUERÉTARO A LOS VARONES A ENTREGAR SUS DONES A DIOS PARA ENFRENTAR LA CULTURA DEL DESCARTE

 “Hemos vivido numerosas experiencias, fortaleciendo su fe, dialogando con Dios mediante la oración, confesando los propios pecados y reconciliándonos con Dios, alimentándonos de la Eucaristía y sobre todo experimentando la alegría de vivir la comunidad y la fraternidad”, así lo afirmó Mons. Faustino Armendáriz, luego de recibir a los cientos de peregrinos de la peregrinación masculina procedente de Querétaro que llegó este domingo al Tepeyac.

En su mensaje indicó que la Palabra de Dios nos anima y nos alienta para que reconozcamos a Jesús como verdadero pan que ha bajado del Cielo, como lo señala el evangelio del día. Pero advirtió que no por el hecho de ser discípulos comprendemos lo que Él quiere hacer. “Necesitamos sintonizar con su pensamiento, con su misión y con su visión de pastor. Necesitamos profundizar en su palabra y en su misterio”, más allá de cálculos humanos pues el Señor conoce su plan de salvación.

Al profundizar en la parábola que habla de la repartición de los cinco panes y los dos pescados, Mons. Armendáriz explicó que Jesús se vale de nuestra pobreza y nuestra miseria para satisfacer el hambre y la necesidad de los que lo siguen, y lo importante es que cada uno ponga su persona en las manos de Jesús pues Dios es capaz de multiplicar nuestro pequeño gesto de amor y hacernos partícipes de su don. “Jesús nos enseña que hoy ante la cultura del descarte –como lo señala el Papa Francisco–, los pobres tienen mucho que darnos y enseñarnos”.

Agregó que el muchacho del evangelio puede ser cada uno de nosotros y los cinco panes son: el don de la paternidad, la educación, la libertad, la fraternidad, el amor; los dos pescados son el don de la fe y de la paz. “Y si pones tus cinco panes y tus dos pescados en las manos de Jesús, él los bendecirá y con ellos podrán comer las nuevas generaciones hasta saciarse. Es decir, hasta llegar la plenitud de la vida”.

De esta manera podemos hacer frente a la cultura del descarte, dijo, porque la persona humana hoy está en peligro y “¡he ahí la urgencia de la ecología humana!”. Destacó que la causa de esta cultura no es cuestión de economía sino más profunda, es de ética y de antropología. Lo que manda hoy no es el hombre sino el dinero, y la tarea es custodiar la tierra.

Por ello Mons. Armendáriz exhortó a los peregrinos a no permanecer pasivos ante ciertos procesos de globalización que hacen crecer desmesuradamente en todo el mundo la diferencia entre ricos y pobres. Recordó que el alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones de indignidad del hombre y da ánimo para trabajar sin descanso en la construcción de la civilización del amor.

Finalmente hizo votos para que al regresar cada uno a sus hogares, sus trabajos, sus lugares de profesión, a su oficina, regresen con la conciencia que Dios les necesita, para que con sus panes y sus pescados, Jesús sea capaz de saciar el hambre de muchos en este tiempo. “No duden en dejar que Cristo tome su vida en sus manos”.  E hizo votos para que a ejemplo de Santa María lleven a Cristo a los hermanos que sufren.

Al finalizar la celebración, los peregrinos reiteraron su voluntad de regresar el año próximo para encontrarse con Santa María, con Dios, con sus hermanos de camino, y seguir siendo fieles a la herencia de fe y devoción que ha fortalecido a México, de generación en generación, a lo largo de casi cinco siglos, en la Casa de la Reina de México y Emperatriz de América.